
Si esto fuera un combate, perdería con el mismo sonido de la campanita (la dichosa campanita diabólica), ya que últimamente tengo demasiadas debilidades, puntos débiles, y todas las cosas bonitas que hacen que me deprima. Una falta de fuerza que hace que falle las estrategias en mi propio campo de batalla, que marque un gol en la portería equivocada. Tengo necesidad de que me despierten de una puñetera vez, que me digan: ¿¡Oye, estás vivo!?
Porque pronto será el día en que, de una forma u otra, mi terreno sea invadido, y de la flaqueza ya no me quedan fuerzas.
Con tada la fuerza que el aliento me deja, El Guerrero del Amparo.
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